¿Para qué educas?

Piensa, o mejor aun, escribe: ¿para qué educas? Es una pregunta que parece simple, pero su respuesta puede aportarnos mucho acerca de nuestra metodología educativa y sobre nosotros mismos.  ¿Cómo te gustaría que fuesen los niños que están bajo tu responsabilidad cuando sean adultos? ¿Qué quieres transmitirles? ¿Qué valores deseas que les representen?

Seguro que hay algún profesor o educador de tu infancia al que recuerdas con especial cariño.  Seguramente, lo que hacía que ese docente fuese especial es lo que te transmitía a nivel emocional. Es probable que empatizase contigo, que te ayudase en algún momento de dificultad o quizás te transmitió su pasión hacia aquello que enseñaba o despertó en ti la curiosidad y esas ganas de saber, imprescindibles en el proceso de aprendizaje.

Al final, lo que permanece es eso: las emociones que generas en tus alumnos.

Lo que se aprende en la cuna, se lleva hasta la tumba

¿Qué se debe enseñar en Educación Infantil? Cada vez cobra más relevancia la importancia de los cuidados en la primera infancia. Las escuelas infantiles reclaman su inclusión dentro del Sistema Educativo, ya que hasta ahora, las “guarderías” se veían como un lugar donde “aparcar” a los bebés cuando sus padres no podían ocuparse de ellos. Quizás por eso, este colectivo nunca fue reconocido como debería y a día de hoy las escuelas infantiles se llenan de proyectos educativos repletos de fichas, manualidades y canciones que demuestren que en sus aulas “se trabaja y se aprende”. Y aunque parezca mentira, a mí esto último, me entristece. No creo que la solución sea centrarnos en el aprendizaje cognitivo de forma directa.

Todos los niños aprenderán los colores; las formas geométricas; a contar o a leer… pero no todos serán educados en los mismos valores, ni tendrán la misma autoestima, ni serán igual de felices. ¿Por qué no prestar más atención a estos aspectos?

A día de hoy, está demostrado que el cuidado temprano es decisivo y que su impacto es duradero en la posterior capacidad de aprendizaje y la capacidad de regular sus propias emociones. Esto ya es más que suficiente para demostrar que en las escuelas infantiles se educa y que por eso deberían formar parte del Sistema Educativo, con todas las mejoras que eso conlleva.

Mamá, papá, educadora… Tu niño no va a ser más inteligente porque sepa colorear por dentro de la línea a los 20 meses, o porque sepa decir de memoria los números del 1 al 10. ¿Quieres ayudarle a ser más inteligente en todos los aspectos? Pues presta atención: Lo que nos hace inteligentes es el contacto con los demás.

Educar a las educadoras

Si quieres conocer mi opinión acerca de si el niño debe acudir o no a la escuela infantil, la tienes en este artículo. Y éstas son mis recomendaciones a tener en cuenta a la hora de escoger la mejor escuela para nuestros niños.

Ahora sí, lo que es fundamental, siempre, es formar a las educadoras y hacerlas, ante todo, conscientes de la responsabilidad que tienen en su trabajo. Los primeros años de la vida son esenciales para el desarrollo del cerebro. Durante este período las experiencias negativas pueden dejar daños permanentes y graves que entre otras manifestaciones, se traducen en dificultades para el aprendizaje posterior.

Cualquier educadora que sepa esto, no ignorará a un bebé que llore, ni le obligará a comer ni le causará sufrimiento de ningún tipo. Por eso es imprescindible dar a conocer la relevancia de los primeros años de vida para que tanto profesionales, como directivos y autoridades faciliten y reconozcan al máximo la gran labor de las educadoras infantiles.

 

Mi vuelta al “cole

Hace un par de semanas, visité el Colegio San José de la Guía, donde estudié el Ciclo Superior de Educación Infantil. Tras hablar un rato con la directora y algunas de mis profesoras, me invitaron a dar una pequeña charla a las alumnas de 2º curso del ciclo. Me quedaban solo unos días en Vigo, mi ciudad natal, pero dado que es un centro al que le tengo gran cariño, decidí aceptar, y la verdad es que me alegro mucho de haberlo hecho.

charla san josé
Charla en el Colegio San José de la Guía. “Educar las emociones en la primera infancia”

Me encontré un gran número de alumnos muy motivados  -finalmente asistieron los de primer y segundo curso- con ganas de aprender, de desempeñar bien su futuro trabajo y con ganas de mejorar las cosas. Fue un placer charlar un rato con ellos y recalcarle la importancia de su labor para la sociedad y ofrecerles algunas pautas de Educación Emocional, Social y Afectiva.

Tras charlar también un rato con los alumnos del Ciclo Superior de Integración Social, salí de allí reflexionando sobre la gran influencia que tiene en nuestra forma de trabajar el centro en el que nos formamos, y por supuesto, satisfecha por mi elección, ya que en ese colegio di los primeros pasos en mi carrera como docente. Y el feedback que recibí después por parte de alumnas y profesores no hizo más que reafirmar lo que sentía. La verdad es que no pudo ser mejor. Éste es un pequeño fragmento de uno de los emails:

Cada vez que tenga un momento de bajón pensaré en tu charla, porque de verdad me ha removido sentimientos, he pensado en todas las circunstancias que he pasado en mi vida y hoy en tu charla me he sentido privilegiada de estar ahí, de estar aprendiendo todas estas cosas maravillosas, de haberte conocido a ti y a tu Blog, el cuál seguiré fielmente ya que me parece una herramienta fantástica para aprender para mi futura profesión y para mi papel de madre.

Comencé esa charla, con la misma cuestión con la que ahora empieza y termina este artículo: “¿Para qué educas?. Piensa si tu respuesta te describe a ti como persona, porque lo mejor que puedes hacer para educar a un niño, es convertirte en su mejor ejemplo.

Sé el adulto en el que quieres que “tus niños” se conviertan

Yo educo para hacer personas felices, y hoy sí puedo decir que yo lo soy, porque sé que me dedico a lo que realmente deseo y que estoy aportando mi granito de arena para construir una mejor educación para nuestros niños.


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