Empatía: Cómo gestionar el conflicto entre iguales.

¿Qué es la empatía y para qué sirve? La empatía es clave para entablar y asentar las relaciones con los demás, podría considerarse la base de la convivencia. En su sentido más básico, la empatía podría describirse como la habilidad de reconocer y de sentir lo que la otra persona siente. Simon Baron Cohen, experto internacional sobre autismo, va un paso más allá, afirmando que la empatía consta de dos sistemas, uno cognitivo, que nos permite leer el contenido mental ajeno y otro afectivo que, una vez realizada esta lectura, nos permite experimentar una respuesta emocional adecuada a lo que observamos.

Aquí podemos ver un ejemplo de respuesta acertada  😉 .

La empatía es básica no solo para nuestras relaciones afectivas y sociales en su sentido más amplio, sino que también es la base para ser buenos padres y educadores. Para ser un adulto empático hay que ser consciente de las emociones propias y ajenas: reconocer cuando se está sintiendo una determinada emoción, identificar la emoción en cuestión, gestionarla de manera adecuada y llevar a cabo este mismo sistema con uno mismo y con las emociones de los demás. Este ejercicio debe hacerse de forma consciente al principio, pero con el tiempo se convierte en una percepción automática en los adultos emocionalmente maduros.

 

¿La empatía se aprende?

El mismo entrenamiento emocional que hemos realizado con nosotros mismos es el que ayudaremos a llevar a cabo a los más pequeños a lo largo de su educación. Esta habilidad se aprende básicamente por imitación y se adquiere de forma paulatina desde la primera infancia. Es muy habitual que, por ejemplo, un bebé comience a llorar cuando ve a otro bebé llorando, es su forma de reaccionar al reconocer esta emoción: imitarla. Daniel Goleman, explica que si queremos enseñarle empatía a los niños lo mejor que podemos hacer ante algo así es consolar al pequeño, mostrarle a través de nuestros actos que una persona puede saber cómo se siente otra y cuál es la respuesta correcta ante esa situación. Es muy probable que con ejemplos como éste en su vida cotidiana, cuando ese niño tenga 3 o 4 años y vea a otro pequeño llorar, trate también de ayudar y mejorar la situación.

Tengamos siempre presente que los niños hacen lo que ven…

Como explico en mi primer libro: Educar las emociones en la primera infancia, la primera herramienta que debemos ofrecerle a los niños es el vocabulario necesario para describir sus emociones, y ser nosotros los primeros en compartir con ellos nuestros sentimientos, así conseguiremos que los niños sean cada vez más conscientes de sus propias emociones y de las de los demás.

Si quieres conocer a fondo el proceso de desarrollo de la empatía y tener a tu alcance más de una veintena de sesiones completas para trabajarla en tus niños, te recomiendo que te hagas con él. En él podréis encontrar un gran número de actividades (como ésta, o ésta… y ¡muchísimas más!) para iniciar a los pequeños en el reconocimiento, gestión de las emociones y habilidades sociales, así como un completo marco teórico como base del proyecto.  Además tendrás acceso a material exclusivo para realizar las actividades expuestas en la guía, y alguna que otra sorpresa, sólo para los lectores del libro. ¡No te lo pierdas! Los lectores están encantados con él :).

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Se titula: Educar las emociones en la primera infancia. Teoría y guía práctica para niños de 3 a 6 años). También está disponible en papel, para los amantes de la lectura tradicional, que disfrutan con el paso de las hojas y haciendo anotaciones en los márgenes de las páginas :). ¡Un básico recomendado como Nº1 de lectura imprescindible para educadores por “Educación 3.0”, una de las mejores revistas de educación !

 

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 Mi niño pega a otros niños, no empatiza. ¿Qué puedo hacer?

Cuando un niño hace algo malo o causa daño a alguien, pasado el momento de “la rabieta”, cuando ya nos encontremos en un clima tranquilo y relajado, podemos charlar acerca de lo ocurrido. Teniendo en cuenta tratar los siguientes aspectos:

1. ¿Qué es lo que ha ocurrido?

2. Cómo se ha sentido tu niño/alumno (“agresor“).

3. Cómo se ha sentido el otro niño (“víctima“).

4. Qué puedes hacer para solucionarlo.

5. Alternativas para gestionar la emoción que le ha invadido para actuar de ese modo. Cómo trataremos de gestionarlo la próxima vez que vivamos una situación similar.

También podemos utilizar su imaginación para desarrollar la empatía. Los Cuentos de Hadas o las fábulas suelen contar historias que nos facilitan realizar preguntas a nuestro pequeño acerca de cómo sienten los protagonistas, con qué dificultades se han encontrado o cómo han resuelto los problemas. Con ello desarrollaremos su capacidad de ponerse en lugar del otro.

Debemos tener en cuenta que antes de poder desarrollar plenamente la empatía, los niños necesitan poder percibirse como personas individuales. Esto ocurre a mediados del segundo año de vida, y de ello hablo con más profundidad en este artículo.



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