Adolescentes y emociones: ¿Cómo ayudarles?

Bienvenido a un nuevo episodio de “Entre Maestros“, la nueva sección de Maestra de Corazón. Como sabes, desde que comenzamos el año, el último miércoles de cada mes tienes un artículo redactado por un invitado de excepción. Quiero compartir contigo la sabiduría de los que me rodean. Considero que es una forma de aportarte mucho valor, ¿no crees?

En esta ocasión, José Carlos Aranda, autor de Inteligencia Natural, al que tuve el honor de entrevistar hace algún tiempo, viene a darnos las claves para afrontar esa etapa en la educación de nuestros hijos que a priori parece tan complicada: la adolescencia. También nos presentará la segunda parte de su libro: Inteligencia Natural. Adolescencia.

Adolescentes y emociones

Siempre que hablamos de adolescencia lo asociamos a un periodo problemático y turbulento, pocas veces reflexionamos sobre la función esencial que este periodo desempeña en nuestras vidas, tampoco en el origen de estas turbulencias o por qué nos suponen un problema para quienes convivimos con los adolescentes.

La adolescencia se inicia con la entrada en el torrente sanguíneo de las hormonas sexuales en la etapa de la pubertad. Estas hormonas vienen a prepararnos para la edad adulta transformando nuestro cuerpo, pero también nuestra mente. Con ellas, la realidad y el entorno cambian para el niño que comienza a escrutar la realidad desde un prisma nuevo, la crítica. Hasta ese momento, la familia, los padres, han sido su referente de autoridad y se han movido por el afán de complacer, de conquistar su aprobación y su cariño. Ahora, en cambio, se sienten atraídos por nuevas emociones que los impelen al contacto y la exploración del sexo opuesto, a la aprobación de sus iguales, a la integración en un grupo externo a la familia.

Por primera vez, miran a sus padres desde el prisma realista carente de idealización y les va a resultar difícil admitir que son humanos, que tienen sus fallos. Por muy buenos que haya sido, la desilusión y el desengaño se instalan en su vida, de ahí el rechazo tan frecuente. Su necesidad de integración hará que las normas y usos de sus amigos prevalezcan sobre los criterios familiares, vendrán los enfrentamientos, el cuestionar las normas. Pero tras este cuestionar los principios se abre la búsqueda de una personalidad incipiente, una aventura necesaria para alcanzar su propia individualidad. Cada ser humano es único, también sus circunstancias y el tiempo que le ha tocado vivir. Los principios que valieron para sus padres pueden no ser claves para el momento que les toca, el suyo. Es necesario adaptarse a nuevos modos de comunicación, nuevas formas de relación, nuevas claves.

No es solo la atracción sexual incipiente que tendrá que gestionar y administrar desde el desconocimiento  de quien se encuentra ante un terreno inexplorado, es el recrecimiento de la precorteza cerebral que, por primera vez, lo dota de la capacidad de proyectar hipótesis, elucubrar posibilidades, refugiarse en el mundo de la ensoñación. Esta química hormonal los llevará de la exaltación a la depresión, de la ansiedad a la complacencia, de la pereza a la hiperactividad por mínimas variaciones en las circunstancias que les rodean.

En Inteligencia natural. Adolescencia partimos de la comprensión del fenómeno, de lo que está sucediendo para plantearnos qué podemos hacer por ellos, por ayudarles a construir su futuro.

¿Qué podemos hacer para ayudarles?

La imposición debe dar paso al diálogo desde la coherencia y enormes dosis de amor y de cariño. La familia, como los educadores, seguimos siendo el norte, un norte al que acudirán cuando se vean perdidos en ese nuevo mundo por explorar. Negarles el apoyo y el diálogo es condenarlos a la soledad, pero hemos de aprender a tener paciencia, a esperar, a comprender y a desasirnos. Quizá esto sea lo más difícil de asumir.

Hasta la entrada en la pubertad fueron nuestros niños, ahora nos resultan extraños, seres con voluntad propia que se nos enfrentan, que se rebelan. Dejarlos crecer, aceptar que se están haciendo adultos, dejarlos asumir las responsabilidades de sus propios actos aunque ello implique sufrimiento, no es fácil para un padre o una madre que poco antes lo fueron todo en ese universo infantil. Sin embargo, el sufrimiento forma parte de la prueba. Todos tuvimos que aprender a distinguir la simple atracción del enamoramiento, el enamoramiento de la amistad, la amistad de la dependencia, y superar el egoísmo hasta alcanzar el amor. Y no es fácil.

Y si no es fácil para ellos, tampoco se lo ponemos fácil cuando les ofrecemos un panorama de relaciones humanas provisionales, les confundimos el amor con el deseo, el éxito con la exhibición consumista, la amistad con el interés. De ahí que les facilitemos el tránsito cuando actuamos desde la coherencia en nuestras propias vidas para servirles como referentes válidos de que la felicidad es posible de alcanzar, de que el mérito obedece a la ilusión y el esfuerzo, de que nuestro amor por ellos va más allá de las circunstancias porque los queremos por sí mismos.

Inteligencia natural adolescencia
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A través de la convivencia diaria, del diálogo, podemos educarlos en la alegría, la asertividad, la constancia y la ilusión por  un proyecto de vida propio planteado como una conquista personal.  De esto trata Inteligencia natural. Adolescencia, de cómo aprender a escuchar, dialogar y estar atentos a potenciar esas nuevas habilidades para que sean motores de futuro. Si la reflexión siempre fue necesaria en la educación, ahora resulta fundamental. Porque no estamos ante una edad problemática, sino ante una auténtica oportunidad de futuro necesaria en la evolución de cualquier ser humano.

Habrá líneas rojas, tiene que haberlas cuando el equilibrio entre libertad y responsabilidad no se mantiene. Pero hemos de actuar permitiéndoles asumir sus propias decisiones de forma gradual y segura, en connivencia con sus necesidades. Han comenzado su viaje, no hay vuelta atrás, lo seguirán porque es lo natural, lo que toca, y lo harán con nosotros o sin nuestra ayuda. No podemos evitarlo, pero nos necesitan a su lado más que nunca. El amor de la familia es el ancla que mantiene el Norte en tiempo de turbulencias. Seamos su ancla y mantengamos la calma siendo nosotros mismos. Para cambios, ya están ellos.


 

Sobre el autor de este artículo:

José Carlos ArandaJosé Carlos Aranda.
Doctor en Filología Hispánica, Académico Correspondiente de la Real Academia de Córdoba y profesor de Lengua Española y Literatura desde 1980. Entre sus publicaciones especializadas de carácter docente-pedagógico cabe destacar: Cómo se hace un comentario de texto (Berenice, 2009), Manual de ortografía y redacción (Berenice, 2010), Manual de redacción para profesionales e internautas (Berenice, 2011) y Ortografía fácil (Berenice, 2013). Sus inquietudes en el ámbito de la psicología y la neurociencia, ya quedaron plasmadas en El libro de la gramática vital (Almuzara, 2011); a los más de 30 años de experiencia docente, en Inteligencia Natural e Inteligencia Natural. Adolescencia, vuelca su formación en campos como la psicología, la neurobiología y la pedagogía, a los que se acerca desde su experiencia como padre, como maestro y como tutor de miles de alumnos.


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1 opinión en “Adolescentes y emociones: ¿Cómo ayudarles?”

  1. Poder leer a José Carlos Aranda… en sus publicaciones, es un placer y una fuente de sabiduría! Nos puede ayudar, mucho!! Cosa que agradezco, inmensamente .

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